Sidrería Las Viñas: sentido (común) y sensibilidad

Siempre me fascinó la Playa Honda. Se une por el sur con la de Guacimeta formando un larguísimo arenal, probablemente el más extenso de la isla con permiso del de Famara. Esta es la playa de las bogas y las sardinas.

Playa_Honda_LDF_postIntimidad de invierno (foto LDF)

Al fondo, el horizonte con la silueta de Fuerteventura; al lado el enclave lanzaroteño mejor urbanizado de los últimos treinta años. No es errata, urbanizar tiene también (sobre todo) un sentido humano. En medio un espacio potente en el que la arena, el viento, el paseo, las terrazas y los aviones manifiestan una dimensión esencial, sin tontadas. Los cruceros gigantes pasan a lo largo un poco antes de atracar en el puerto.

Bajando la carretera de Güime hasta llegar a la arena de la playa, ahí mismo, a la derecha, en la calle Princesa Ico según el callejero oficial está la Sidrería Las Viñas. Capitaneada por Carlos Palmeiro desde la reapertura de este veterano local en marzo de 2007, se han adaptado como pocos a las circunstancias de crisis apostando por priorizar el mimo y la sensibilidad a la hora de cocinar frente a inversiones en interiorismo o equipamiento.

LasViñas_comedorVista del comedor (foto Ramón Pérez Niz)

Bien es verdad que la calidad de los platos que se ofrecen aquí justificaría con creces algún esfuerzo adicional en la entonación ambiental. Con independencia de que el estilo decorativo que podríamos denominar ‘misceláneo_con_manteles_de_papel’ nos parezca más o menos oportuno, el comedor aceptaría muy bien unas mejoras en sonoridad e iluminación.

Para llegar al salón principal hay que atravesar una terraza acristalada. A la izquierda, al fondo de la terraza, se cocina a la vista del público en una generosa parrilla de carbón/leña, pieza clave en la oferta gastronómica de Las Viñas.

LasViñas_parrilladaParrillada de carnes y verduras (foto Ramón Pérez Niz)

Cocinan muy bien en las brasas, tanto el pescado (pequeño, que el grande acumula mercurio), como la carne (suelen ofrecer secreto de cerdo y lomo de vacuno), o una razonable variedad de verduras. Ofrecen al cliente diferentes puntos de parrilla en las carnes y en los pescados y saben mantener el equilibrio entre un cierto aroma ahumado y la jugosidad de un producto excepcional.

En Las Viñas no hay carta. Se acercará Carlos a nuestra mesa a saludarnos y ofrecer de viva voz lo que tienen para asado y lo que hay en la cocina. No faltarán preparaciones frescas y ligeras, como un finísimo salpicón de pescado y marisco al estilo ensaladilla o una ensalada de pulpo marinado para chuparse los dedos.

LasViñas_salpiconSalpicón de pescado y marisco al estilo ensaladilla (foto Ramón Pérez Niz)

LasViñas_ensaladapulpoEnsalada de pulpo marinado (foto Ramón Pérez Niz)

Tampoco faltan los platos de buen precio y corte familiar, desde unas jugosas croquetas bien fritas, con rellenos variados (jamón, espinacas…), hasta un arroz de sepia muy correcto.

LasViñas_croquetasCroquetas variadas (foto Ramón Pérez Niz)

LasViñas_arrozArroz de sepia (foto Ramón Pérez Niz)

La sidra es de calidad y los postres acompañan correctamente las preparaciones saladas (testados el chocolate cuatro texturas y el pudding de croissant con plátano frito, helado de vainilla y toffee crujiente). El vino no está a la altura, quizá no sea esencial en una sidrería. Como aspecto a favor, que al menos cumple con mantener el ticket del restaurante por debajo de los 25 euros comiendo con alegría. Si hubiese que mencionar los cinco lugares más destacados de la isla respecto a su relación calidad/precio, la sidrería Las Viñas estaría sin duda entre ellos.

Para principiantes: Una excelente fórmula para iniciarse en este restaurante es probar su menú del día. Lo sirven a 12,50 euros. Dos platos, bebida y postre.  Suele incluir una opción de guiso y otra de parrilla. Por cierto, ¿por qué no se ofrece menú del día en muchos (muchos) restaurantes de Lanzarote?

LasViñas_CarlosCarlos Palmeiro cantando la carta (foto Ramón Pérez Niz)

Para cotillas: La sidra no se bebe gasificada bajo ningún concepto. Se escancia desde la botella a un vaso grande y ancho, bien sea con la técnica (difícil) del brazo extendido por encima de la cabeza, o bien se utiliza uno de esos simpáticos artilugios con forma de barrilillo que se acoplan al gollete de la botella y que nos ahorrarán secar unos cuantos charcos en el suelo. Por algo las sidrerías tradicionales tienen el suelo de tierra.

En todo caso, se ha de escanciar la cantidad de sidra justa para un solo trago. Lo que no se beba al momento perderá ese poco de aireación que necesita para estar en su punto y habría que escanciarlo de nuevo.

LasViñas_aireadorAireador de sidra (Foto Ramón Pérez Niz)

Para muy cotillas: Carlos Palmeiro, nuestro anfitrión astur, está donde está después de una vida salteada de peripecias. Nació en Turón, Asturias, aunque pronto se trasladó a Candas, primero y a Oviedo después. Sirvió copas en el casco viejo ovetense, cantó gregoriano, pinchó música tecno (también clásica) desde el 85 hasta el 2000 y… “un treinta de mayo, día de Canarias de hará ahora veinte años, llegué a Lanzarote de vacaciones por primera vez. Recogiéronme unos amigos en el aeropuerto y ya flipé. Pensé primero que había caído en una escombrera enorme, pero vi enseguida que no. Estoy en la luna, me dije…”

Luis Díaz Feria, marzo 2014LasViñas_escribiendo

 

Entrada publicada el 11 de Marzo de 2014

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